
El hecho de que Moby Dick sea un libro muy famoso y considerado "clásico" de la literatura estadounidense no tiene que significar automáticamente que me gustó. A uno no le gusta un libro simplemente porque a todo mundo le gusta, y en esto creo que yo soy particularmente escéptico. A mucha gente, por ejemplo, no le gusta El Viaje al Reino de los Deseos, y le parece literatura demasiado simple; sin embargo a mí me gustó ese libro de una manera particular. Me ha pasado también con películas: a mucha gente le encanta BraveHeart y a mí simplemente no me emociona. Es que el hecho de que el arte sea muy aclamado no lo obliga a uno a disfrutarlo igual, así que, nosotros los lectores (de cualquier obra de arte) debemos sentirnos tranquilos de decir que una obra nos gustó o no.
Para mí el artista es el que es capaz de hacer algo que nadie más habría podido hacer. En el caso de la literatura, contar una historia y contarla de tal manera que nadie más habría podido hacerlo. Y, en mi opinión, Herman Melville, al escribir Moby Dick logró una obra de arte.
El libro me gustó mucho y se lo recomiendo al que quiera una lectura entretenida, sencilla e interesante. Uno se imaginaría que es una novela superficial, es fácil quedarse con la idea de que el libro no desarrolla mucho a los personajes, o que no cuenta una historia muy impresionante, o que es muy simple en la manera de contarse; pero esto es un error. En realidad Moby Dick es un libro profundo, con diferentes niveles de contenido y con una gran variedad de temas. Es una travesía riquísima que surca diferentes mares de la literatura universal. Como corrientes marinas que se encuentran unas con otras, en Moby Dick dialogan la literatura americana del siglo XIX con las constantes referencias bíblicas, unas pequeñas muestras de teatro, vientos quijotescos y un verdadero torbellino de tragedia griega.
La historia es contada por Ismael, un narrador testigo que no llega aparentemente a ser un personaje significativo dentro del libro. Ismael pareciera el lector de la novela, introduciendo a quien se embarque en la lectura, al mundo de los marineros norteamericanos del siglo XIX.
El libro podría parecer simplemente una enciclopedia de temas marítimos. Las descripciones extensas del barco (el Pequod) y sus partes, de cada instrumento de navegación y de pesca de ballenas, y de las más pintorescas tradiciones y supersticiones de sus tripulantes inundan el libro, yendo y volviendo como la marea. El que lea Moby Dick podría sentir un deseo por emprender uno de estos curiosos viajes de un barco ballenero, como hizo Ismael, que simplemente entra al barco y se enrola en su tripulación para pasar los siguientes tres años de su vida navegando desde el Atlántico estadounidense hasta las aguas del océano Pacífico en distantes rincones del mundo.
El Pequod no es un barco ballenero cualquiera, lo conduce el capitán Ahab, un hombre profundamente afectado por su encuentro con una ballena blanca mucho tiempo atrás. Ahab fue marcado interior y exteriormente por la ballena de renombre a la que quiso cazar. El cachalote le arrancó una pierna y le provocó un deseo incontenible de venganza, al punto de que Ahab quedó totalmente decidido a viajar por toda la tierra hasta volver a encontrar a su ballena para matarla con sus propias manos.
Hay otros tripulantes en el Pequod, los tres oficiales de los botes balleneros que son aparentemente el lado racional del capitán Ahab, como unos Sancho Panzas del mar; una tripulación silenciosa que, como el lector del libro, simplemente contempla la desenfrenada persecución que Ahab emprende contra la ballena, y también como el lector del libro, va aumentando con el tiempo su deseo porque la persecución encuentre su objetivo, y el capitán consiga su triunfo.
También el libro es una enciclopedia sobre la cacería de ballenas, y no sorprende que sea menos popular en nuestros tiempos de Green Peace y los derechos de la ballena. Hay que decir que las descripciones casi homéricas sobre la muerte de las diferentes ballenas a las que caza el Pequod causan lástima y conmiseración por los inocentes animales, pero la figura de Moby Dick es diferente, la ballena blanca aparece siempre como un misterioso personaje que nada en las profundidades del mar y a quien solo el más audaz de los marineros podría dar alcance.
A cada página aumenta la ansiedad y la expectativa porque el Pequod encuentre a su presa, pero la Ballena Blanca elude al lector como elude al capitán Ahab. Eso sí, en el momento de su aparición, Moby Dick no decepciona, y hace honor a todo lo que Ahab, los oficiales y el mismo Ismael han dicho de él.
El final no se los cuento por si un día deciden abordar el libro.
A través de la novela se encuentra el misterio de la Ballena Blanca, y la extraña motivación de Ahab por perseguirla en todos los océanos. Ahab es un hombre aparentemente cruel y desmedido que camina en una pata de marfil con la que reemplazó la pierna devorada por Moby Dick. En el capítulo XXII dedicado a la blancura de Moby Dick, Herman Melville opina que en realidad el color blanco representa los peores temores y las cosas más horribles de la conciencia humana: los muertos, los fantasmas y todo un mundo de terrores desconocidos. Ahab caza a la ballena que representa todas estas cosas, pero también él, con una pata de marfil tan blanco como la ballena, viene cargado de lo terrible. Es que el hombre, cuando se enfrenta cara a cara con estos terrores, no puede quedar sin salir lastimado, sin salir marcado. Entonces Ahab, aunque intenta destruir sus más grandes miedos, ha sido marcado por ellos y los lleva en cada segundo de su vida transmitiéndolos a la silenciosa y expectante tripulación. Así, Ahab resulta un personaje tan misterioso, temible y terrible como la misma Ballena Blanca.
Melville toca en su libro varios temas de la existencia del hombre, y asimila la rutina de un barco ballenero con la vida misma en la que estamos inmersos. Pero, una buena forma de salirse de la rutina, es siempre sentarse a leer un buen libro.
"¡Ah, amigos míos! ¡Eso es como para matar a cualquier hombre! Sin embargo, así es la vida. Porque apenas hemos logrado los mortales extraer de la inmensa mole de este mundo su pequeña, pero valiosa cera, y nos hemos limpiado luego con infinita paciencia las manchas, y hemos aprendido a vivir aquí en limpios tabernáculos del alma…, apenas hemos hecho esto cuando… '¡Ahí sopla…!' exhalamos el espíritu y nos hacemos a la vela para luchar contra otro mundo y pasar por la rutina de la vida otra vez."(Cap. XLVII)
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