jueves, 20 de mayo de 2010

El Shock de leer The Shack


El libro The Shack me lo recomendaron con las siguientes referencias: 1) Una persona que lo lea o le va a parecer el mejor libro que haya leído, o simplemente lo va a odiar por completo. 2) "Te va a gustar, hay que dejar ciertos paradigmas teológicos, pero te va a gustar".

Si los que leen este blog quisieran leer el libro sin ningún prejuicio ni ideas preconcebidas, entonces les recomiendo que cierren en este momento la ventana y no lean esta entrada antes de leer el libro. Si no quieren leerlo, o quisieran escuchar una opinión, pues aquí va.

De las referencias que me dieron, pues puedo decir que no me pareció el mejor libro que he leído, y que no pude dejar mis paradigmas. En otras palabras, solo terminé el libro para poder dar mi opinión y escribir esta entrada, y me resultó un proceso doloroso y lamentable tener que atravesar los capítulos relativamente cortos que lo componen.

La propuesta es una excelente idea, (como casi toda la literatura cristiana): un hombre que sufrió mucho en su juventud, ha fundado una familia cristiana y ha desarrollado una relación con Dios que está un poco limitada pero sigue siendo llena de buenas convicciones. El elemento principal de esa relación que tiene el personaje (Mack) con Dios, es la fe de su esposa Nan. Todo el mundo se viene abajo cuando, en un paseo familiar de Mack con tres de sus hijos, la niña menor desaparece y termina siendo brutalmente asesinada en lo profundo de un bosque de Oregon. Mack entonces se entrega a lo que él mismo llama The Great Sadness (La gran tristeza, si se quiere) y se convierte en un hombre profundamente resentido con Dios, aislado del mundo y entregado simplemente a su trabajo, tratando cada día de fingir frente a su familia que es feliz, y de ser un apoyo para su esposa y sus hijos en el dolor que los embarga.

En una mañana de invierno, en medio de una nevada de esas que yo no sé cómo son, Mack recibe una carta de Dios que lo invita a pasar un fin de semana en la cabaña donde apareció muerta su hija. Hasta aquí, diría yo, todo va bien.

Pero luego resulta que Mack efectivamente se va a la cabaña, y efectivamente se encuentra ahí con Dios. Y resulta que Dios está manifestado en tres personas: Jesús, un hombre bien descrito con todo el porte de judío; el Padre y el Espíritu que por alguna razón extraña tenían que ser una mujer negra y una mujer asiática respectivamente. Ahora bien, yo no tengo nada contra las mujeres, ni contra las razas (ya lo he dicho en entradas anteriores) pero esto se me hizo demasiado. Cuando apareció la mujer negra me dije a mí mismo: "si esta es Dios, entonces cierro el libro y dejo de leer". Pero no lo hice para poder justamente hacerme un buen criterio sobre el libro. Entonces el libro se vuelve una serie de diálogos de Mack con las tres personas de la Trinidad.

Dios Padre es una señora que cocina y se ríe de todo, y se parece mucho al personaje del Oráculo de Matrix. Jesús es un judío vestido con jeans y camisa de cuadros que trabaja en el taller y hace regueros en la mesa. El Espíritu Santo, es una mujer asiática que se mueve de tal manera que no parece corpórea y que trabaja en un jardín diciendo cosas ambiguas como un personaje del Tigre y el Dragón o Héroe.

Hay que decir que Mack, el personaje central, está muy bien caracterizado: es el típico hombre con muchas dudas que no sabe en qué cree ni por qué hace las cosas que hace. Tiene muchas preguntas sobre por qué Dios permite el sufrimiento del mundo, cómo se relaciona la libertad del hombre con la omnisciencia de Dios y cómo es que Dios puede condenar al infierno si es un Dios amoroso y misericordioso.

Digamos que son las preguntas correctas para plantear en una novela evangelística (quiero imaginarme que eso es el libro), y que en todas las respuestas de los personajes no hay nada que sea esencialmente una herejía. Pero el montaje de la historia es una lástima, y las respuestas son mucho de lo que "el mundo quiere oír". La idea va a ser que al final Mack acepte que la muerte de su hija no era la voluntad de Dios, pero que en medio de todo eso Dios lo ama y lo acompaña y lo perdona, así como amó y acompañó a su hija en el momento de mayor sufrimiento.

¿Por qué no me gustó el libro? Toda esta corriente de personificar a Dios o de ponerlo de una manera "accesible" y "comprensible" que lo que quiere hacer es dar una imagen de un Dios familiar contrastada con los cuadros del Dios barbudo de la Trinidad que hay en la casa de mi tía, siempre termina tratando con demasiada ligereza la relación entre Dios y el hombre. Creo que, justamente por querer borrar esa imagen demasiado lejana de Dios, se crea otra imagen igualmente errónea de un Dios completamente ajustable a los paradigmas mentales humanos. Hay una necesidad cultural de los gringos por hacer ver que Dios no es blanco (o que no es hombre) y quedar bien con los grupos raciales que tienen en su país. Entonces tienen que retratar a Dios de formas no convencionales (como Morgan Freeman en Bruce Almighty) y así dar a entender que Dios es un Dios accesible para todos. Se trata de una visión muy simplista de Dios y de sus formas de manifestarse a los hombres.

El resultado es que se queda a un lado esa relación del hombre con Dios en que uno va descubriendo poco a poco al verdadero Dios que es Absolutamente Otro; que es perfecto, totalmente diferente del hombre, pero totalmente cercano a él; tan cercano, que nos conoce mejor que nosotros mismos. Claro que, el hombre que se enoja contra Dios porque no entiende sus caminos, necesita de Dios un trato tal en que al final pueda recibir la misericordia de un Padre amoroso. Pero la fe, la confianza, y el acto de ir a buscar a alguien que es en un principio desconocido, pero que se va revelando poco a poco, son elementos esenciales de la verdadera relación con Dios.

Sigo convencido de que nos hace falta literatura evangelística, que muestre realmente lo que es la vida de los discípulos de Cristo. Espero que el mismo Señor me dé la oportunidad de aportar algún día a este género. Mientras tanto, si la literatura cristiana se dedica a contar lo que la gente quiere oír, y no lo que la gente necesita oír, entonces vamos a avanzar poco en nuestra labor de proclamar la Buena Noticia. Entre más realista sea una novela cristiana, y más profunda sea, y mientras más encare al lector, entonces se parecerá más al mensaje del Evangelio, y será una semilla que caiga en tierra fértil para avanzar el Reino de Dios.

Ah, se me olvidaban unas observaciones. Jesús se pasa hablando en contra de la religión institucional y de los esquemas de jerarquía social. Dos veces se mencionan unos "flying dreams" cuya descripción se me hace preocupantemente parecida a un viaje astral. Para contestar mi duda de si el autor era católico o protestante investigué un poco sobre él, y resulta que "ya no es miembro de ninguna iglesia". Preocupante, si pensamos en San Agustín que escribió: "no hay cristiano sin iglesia."

martes, 11 de mayo de 2010

Cazando a Moby Dick


El hecho de que Moby Dick sea un libro muy famoso y considerado "clásico" de la literatura estadounidense no tiene que significar automáticamente que me gustó. A uno no le gusta un libro simplemente porque a todo mundo le gusta, y en esto creo que yo soy particularmente escéptico. A mucha gente, por ejemplo, no le gusta El Viaje al Reino de los Deseos, y le parece literatura demasiado simple; sin embargo a mí me gustó ese libro de una manera particular. Me ha pasado también con películas: a mucha gente le encanta BraveHeart y a mí simplemente no me emociona. Es que el hecho de que el arte sea muy aclamado no lo obliga a uno a disfrutarlo igual, así que, nosotros los lectores (de cualquier obra de arte) debemos sentirnos tranquilos de decir que una obra nos gustó o no.
Para mí el artista es el que es capaz de hacer algo que nadie más habría podido hacer. En el caso de la literatura, contar una historia y contarla de tal manera que nadie más habría podido hacerlo. Y, en mi opinión, Herman Melville, al escribir Moby Dick logró una obra de arte.
El libro me gustó mucho y se lo recomiendo al que quiera una lectura entretenida, sencilla e interesante. Uno se imaginaría que es una novela superficial, es fácil quedarse con la idea de que el libro no desarrolla mucho a los personajes, o que no cuenta una historia muy impresionante, o que es muy simple en la manera de contarse; pero esto es un error. En realidad Moby Dick es un libro profundo, con diferentes niveles de contenido y con una gran variedad de temas. Es una travesía riquísima que surca diferentes mares de la literatura universal. Como corrientes marinas que se encuentran unas con otras, en Moby Dick dialogan la literatura americana del siglo XIX con las constantes referencias bíblicas, unas pequeñas muestras de teatro, vientos quijotescos y un verdadero torbellino de tragedia griega.
La historia es contada por Ismael, un narrador testigo que no llega aparentemente a ser un personaje significativo dentro del libro. Ismael pareciera el lector de la novela, introduciendo a quien se embarque en la lectura, al mundo de los marineros norteamericanos del siglo XIX.
El libro podría parecer simplemente una enciclopedia de temas marítimos. Las descripciones extensas del barco (el Pequod) y sus partes, de cada instrumento de navegación y de pesca de ballenas, y de las más pintorescas tradiciones y supersticiones de sus tripulantes inundan el libro, yendo y volviendo como la marea. El que lea Moby Dick podría sentir un deseo por emprender uno de estos curiosos viajes de un barco ballenero, como hizo Ismael, que simplemente entra al barco y se enrola en su tripulación para pasar los siguientes tres años de su vida navegando desde el Atlántico estadounidense hasta las aguas del océano Pacífico en distantes rincones del mundo.
El Pequod no es un barco ballenero cualquiera, lo conduce el capitán Ahab, un hombre profundamente afectado por su encuentro con una ballena blanca mucho tiempo atrás. Ahab fue marcado interior y exteriormente por la ballena de renombre a la que quiso cazar. El cachalote le arrancó una pierna y le provocó un deseo incontenible de venganza, al punto de que Ahab quedó totalmente decidido a viajar por toda la tierra hasta volver a encontrar a su ballena para matarla con sus propias manos.
Hay otros tripulantes en el Pequod, los tres oficiales de los botes balleneros que son aparentemente el lado racional del capitán Ahab, como unos Sancho Panzas del mar; una tripulación silenciosa que, como el lector del libro, simplemente contempla la desenfrenada persecución que Ahab emprende contra la ballena, y también como el lector del libro, va aumentando con el tiempo su deseo porque la persecución encuentre su objetivo, y el capitán consiga su triunfo.
También el libro es una enciclopedia sobre la cacería de ballenas, y no sorprende que sea menos popular en nuestros tiempos de Green Peace y los derechos de la ballena. Hay que decir que las descripciones casi homéricas sobre la muerte de las diferentes ballenas a las que caza el Pequod causan lástima y conmiseración por los inocentes animales, pero la figura de Moby Dick es diferente, la ballena blanca aparece siempre como un misterioso personaje que nada en las profundidades del mar y a quien solo el más audaz de los marineros podría dar alcance.
A cada página aumenta la ansiedad y la expectativa porque el Pequod encuentre a su presa, pero la Ballena Blanca elude al lector como elude al capitán Ahab. Eso sí, en el momento de su aparición, Moby Dick no decepciona, y hace honor a todo lo que Ahab, los oficiales y el mismo Ismael han dicho de él.
El final no se los cuento por si un día deciden abordar el libro.
A través de la novela se encuentra el misterio de la Ballena Blanca, y la extraña motivación de Ahab por perseguirla en todos los océanos. Ahab es un hombre aparentemente cruel y desmedido que camina en una pata de marfil con la que reemplazó la pierna devorada por Moby Dick. En el capítulo XXII dedicado a la blancura de Moby Dick, Herman Melville opina que en realidad el color blanco representa los peores temores y las cosas más horribles de la conciencia humana: los muertos, los fantasmas y todo un mundo de terrores desconocidos. Ahab caza a la ballena que representa todas estas cosas, pero también él, con una pata de marfil tan blanco como la ballena, viene cargado de lo terrible. Es que el hombre, cuando se enfrenta cara a cara con estos terrores, no puede quedar sin salir lastimado, sin salir marcado. Entonces Ahab, aunque intenta destruir sus más grandes miedos, ha sido marcado por ellos y los lleva en cada segundo de su vida transmitiéndolos a la silenciosa y expectante tripulación. Así, Ahab resulta un personaje tan misterioso, temible y terrible como la misma Ballena Blanca.
Melville toca en su libro varios temas de la existencia del hombre, y asimila la rutina de un barco ballenero con la vida misma en la que estamos inmersos. Pero, una buena forma de salirse de la rutina, es siempre sentarse a leer un buen libro.

"¡Ah, amigos míos! ¡Eso es como para matar a cualquier hombre! Sin embargo, así es la vida. Porque apenas hemos logrado los mortales extraer de la inmensa mole de este mundo su pequeña, pero valiosa cera, y nos hemos limpiado luego con infinita paciencia las manchas, y hemos aprendido a vivir aquí en limpios tabernáculos del alma…, apenas hemos hecho esto cuando… '¡Ahí sopla…!' exhalamos el espíritu y nos hacemos a la vela para luchar contra otro mundo y pasar por la rutina de la vida otra vez."(Cap. XLVII)